Holbox frente al mar
Una isla sin autos, calles de arena y cinco lugares para pasar el día y la tarde frente al agua.
A Holbox se llega en lancha desde Chiquilá, y lo primero que se nota es lo que falta: no hay autos ni calles pavimentadas. Se anda a pie, en bici o en carrito de golf, sobre arena. El ruido es otro: motores chicos, bicicletas, el agua del lado del pueblo, que casi no hace olas.
## Una isla larga y finita
La isla mide unos 42 kilómetros de largo y apenas uno y medio de ancho, y una laguna poco profunda la separa del continente. Casi tres cuartas partes son manglar y playas vacías, dentro de la reserva de la biosfera de Yum Balam. La pesca, sobre todo de langosta, fue su economía de siempre; el turismo llegó después y todavía convive con ella.
El nombre suele traducirse del maya como hoyo negro, por el agua oscura de la laguna de Yalahau, aunque el origen exacto se discute. Antes de la llegada de los españoles la isla formaba parte de un territorio maya llamado Ekab; en el siglo XIX llegaron refugiados de la Guerra de Castas, y con ellos el pueblo de pescadores que todavía la define. Por algo le dicen Isla Tranquila.
La temporada cambia el paisaje. De abril a diciembre hay flamencos y pelícanos en la laguna; de junio a septiembre llegan los tiburones ballena, con más avistamientos en julio y agosto. Y en Punta Cocos, en el extremo oeste, las noches sin luna muestran bioluminiscencia en el agua.
## Los lugares de la orilla
Para el día, la costa del pueblo tiene sus lugares. Holbox Mágico es club de playa, con hamacas tendidas sobre el agua baja y camastros fucsia bajo palapas. Es el lugar para quedarse quieto mirando el mar hasta que cambie de color.
Sobre el Paseo Carey, frente al mar, está Cariocas Beach Club, con mesas en la arena, columpios frente al agua y pescado entero para compartir.
Unos metros más allá, entre las calles Erizo y Estrella de Mar, Café del Mar Holbox tiene su cartel sobre la playa y mesas para un almuerzo con los pies en la arena.
Por la avenida Damero quedan Las Hamacas, restaurante frente a la playa con jardín y terraza, y el club de playa Punta Caliza, con hamacas y camastros sobre la arena blanca.
Punta Caliza es, además, el club de playa del hotel del mismo nombre, un proyecto del estudio de arquitectura Macías Peredo.
## Cómo pasar el día
La isla se recorre en un día lento: mañana en el agua, almuerzo en el Paseo Carey, siesta en una hamaca de Holbox Mágico y caminata por la orilla cuando baja el sol. El agua del lado del pueblo es baja y tranquila, buena para quedarse adentro mucho rato.
La tarde tiene su propio ritual. Cuando el sol baja, la gente camina hacia la orilla, y el agua baja y quieta del lado del pueblo refleja el cielo. Es el momento en que la isla se queda en silencio, antes de que se prendan las luces de las calles de arena.
Si la noche está oscura, vale preguntar por las salidas a Punta Cocos para ver la bioluminiscencia. Y entre noviembre y abril, la temporada seca, el clima es el más estable para el agua.
## Lo práctico
En la isla no hay bancos, así que conviene llevar efectivo desde tierra firme. Las lanchas salen de Chiquilá durante el día, y también hay vuelos chicos desde la costa para quien prefiera llegar por aire.
Y una advertencia de temporada: en época de huracanes la isla a veces se evacúa. Vale mirar el pronóstico antes de viajar.
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